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El viernes 7 de marzo comenzaban a conocerse noticias acerca de la ejecución por parte de las fuerzas gubernamentales de unos 125 civiles leales a Bassar al-Assad en la ciudad de Latakia, al noroeste del país y un tradicional bastión alawita, la secta shiita a la que pertenece la propia familia al-Assad y que es demográficamente mayoritaria en esta región. Las gobernaciones afectadas, Latakia y Tartus, y concretamente la homónima capital de la primera, revisten además un especial interés geoestratégico, por su proximidad a la base aérea de Khmeimim, operada por Rusia. Los enfrentamientos comenzaron la noche del miércoles al jueves, incrementando progresivamente su intensidad, cuando fuerzas gubernamentales, en el poder desde el pasado diciembre, cuando fueron emboscadas por fuerzas irregulares leales al régimen Baath en la zona de Jableh, también en la gobernación de Latakia. Los rebeldes posteriormente controlaron casi por sorpresa los centros de las ciudades de Qardaha, Banyas y zonas de la propia Jableh y Latakia, así como las principales vías de comunicación en la zona. Según Wassim Nasr, el ataque de las milicias alawitas se produjo de forma coordinada el jueves 6 de marzo, con al menos 81 ataques en instalaciones gubernamentales, que incluían comisarías de policía, hospitales y checkpoints en las principales vías de Latakia y Tartus[i]. En estos primeros momentos, según la Syrian Network for Human Rights, las fuerza leales a al-Assad contaban con unos 4000 efectivos, y pudieron llevar a cabo alrededor de un centenar de asesinatos extrajudiciales entre las fuerzas de seguridad gubernamentales. Sin embargo, a finales del viernes 7 de marzo ya se hablaba de unos 250 muertos, así como de la muerte de combatientes y civiles pertenecientes a ambas facciones [ii]. La sofisticación del ataque inicial da idea de las capacidades con las que todavía cuentan determinados colectivos vinculados al partido y a la secta en el poder durante más de cincuenta años, a pesar de haberse visto inmersos en una guerra civil desde 2011.

La respuesta del gobierno islamista sunnita Hayyat al-Tahrir al-Shams o HTS, en el poder desde que en diciembre de 2024 derrocase a Bashar al-Assad en una operación casi relámpago que controló buena parte del país en apenas diez días, ha consistido en la represión militar del levantamiento, mediante la movilización de las fuerzas armadas sirias, incluyendo tropas aerotransportadas en helicópteros, artillería y drones, en un intento de recuperar el control sobre las gobernaciones de Latakia y Tartus. A las fuerzas gubernamentales se unieron milicias sunnitas de refuerzo, en operaciones de “limpieza” destinadas a detener a quienes habían tomado las ciudades y cortado las vías de comunicación, estableciéndose un toque de queda en la zona costera sublevada y en la gobernación de Homs, en vigor hasta las 9 de la mañana del sábado. La represión del levantamiento se ha llevado a cabo también no solo contra los sublevados, sino fundamentalmente contra población civil, existiendo dudas todavía de si dicha población era alawita o se han visto afectados otros grupos como drusos y cristianos.

El 7 de marzo se ha convertido, de este modo, en la jornada más sangrienta desde la toma del gobierno por parte de HTS, a pesar del llamamiento del presidente interino al-Shaara a los rebeldes para que depusieran las armas, y a las fuerzas leales al nuevo gobierno a que evitaran los ataques sobre población civil[iii]. La escalada de violencia, sin embargo, distaba de estar controlada. El sábado 8 la cifra se había elevado a más de quinientas (500) víctimas, pero el gobierno de al-Shaara declaraba haber restaurado el control de las ciudades de Latakia, Baniyas, Jableh y Tartus, tras los enfrentamientos sucedidos en las 48 horas anteriores. Sin embargo, el hecho de que los núcleos urbanos estén bajo control no implica necesariamente que la zona montañosa circundante también lo esté. Esto implica la posible proliferación de focos de resistencia al nuevo régimen, además de los ya presentes en zonas como Deir el-Azor, donde el Estado Islámico continúa manteniendo una presencia residual, pero operativa, en el territorio. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, declaraba el domingo 9 de marzo que las noticias recibidas hablad de familias enteras asesinadas en la zona de Latakia, incluyendo mujeres, niños, ancianos y varones no combatientes, continuando con la persecución a la población alawita, acusada de haber iniciado la escalada de violencia, especialmente tras nuevas emboscadas alawitas a las fuerzas de seguridad del nuevo régimen en la zona de Banyas, donde se encuentra una de las principales plantas eléctricas de la región[iv], así como una de las dos terminales de crudo, encontrándose la otra en Tartus, lo cual pone de manifiesto la relevancia económica y en términos de infraestructuras críticas que la zona concentra[v]. Según The Guardian, el gobierno o grupos armados afines han cortado el suministro eléctrico y el agua en Latakia durante más de 24 horas, como castigo colectivo a la población, si bien esta información no está completamente verificada[vi].

Como muestra de la escalada de tensión, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, señala que a día de hoy, 10 de marzo, se calcula que han muerto en los enfrentamientos unos 745 civiles -incluyendo, como se ha mencionado, a mujeres, niños, y ancianos, así como a otras minorías, como cristianos o drusos, además de alawitas-, 125 miembros de las fuerzas de seguridad sirias, en su mayoría en emboscadas, y unos 148 milicianos leales a al-Assad [vii]. El gobierno sirio no ha hecho públicas cifras oficiales.

A todo lo anterior, los asesinatos extrajudiciales de alawitas se han venido produciendo desde el mes de diciembre, en el que HTS tomó el poder. A pesar de que inicialmente HTS amnistió a los rangos medios y bajos de las fuerzas de seguridad y armadas del régimen Baath que aceptaron entregar las armas, resulta incierto el número de efectivos, incluidos mandos en este caso, que rechazaran la amnistía y pasaran a operar en la clandestinidad, llevándose consigo parte de los todavía notables arsenales sirios; el riesgo latente, en consecuencia, es que, como sucedió en Iraq en 2003, este contingente se reorganice en forma de insurgencia que cuente nuevamente incluso con apoyo iraní [viii], en un intento de reconstruir la creciente shiita que ha quedado desarticulada tras el derrocamiento de al-Assad y la destrucción de la estructura -temporal o permanente- de Hizbullah en Líbano tras los ataques de Israel. Sea como fuere, el 31 de enero se reportaron las primeras ejecuciones extrajudiciales de alawitas, con 8 muertos en la ciudad de Arza, en la gobernación de Homs, de mayoría sunita, una de las zonas más castigadas por Hafez al-Assad, padre del derrocado dictador y que gobernó Siria entre 1971 y 2000.

Finalmente, a la situación de violencia se suman además los problemas económicos, incrementados por las sanciones occidentales, la incursión israelí en el Golán sirio, para mantener un buffer de seguridad en la región, o la detención de la exportación de petróleo iraní a Siria tras el cambio de régimen. Estados Unidos y Rusia, no obstante, han propuesto una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad para analizar esta escalada de violencia, según fuentes diplomáticas. La opción de incrementar el peso de las sanciones económicas sigue lastrando la economía, pero las opciones de algún tipo de intervención de paz que favorezca la reconciliación nacional o un proceso de construcción estatal resultan complicadas por la previsible negativa del gobierno a una injerencia occidental, a lo que se suman las también previsibles negativas rusa y china, que ya rechazaron esta opción en 2012.


[i] France24 (2025) Hundreds massacred in Syria, casting doubt on new government’s ability to rule, en https://www.france24.com/en/middle-east/20250310-massacre-of-1-500-in-alawite-heartland-casts-doubt-on-new-syrian-government-s-ability-to-rule

[ii] Christou, W. (2025) “Entire families reportedly killed in fighting in north-west Syria, UN says”, en The Guardian, https://www.theguardian.com/world/2025/mar/09/north-west-syria-un-latakia-assad-regime-loyalists-killings

[iii] Christou, W. (2025) “Syrian security forces execute 125 civilians in battle against Assad loyalist”, The Guardian, en https://www.theguardian.com/world/2025/mar/07/death-toll-rises-syrian-security-forces-struggle-quell-assad-loyalist-attacks

[iv] Christou, op. cit.

[v] Offshore Technology (2021) SPC – Tartous, Syria, en https://www.offshore-technology.com/marketdata/spc-tartous-oil-pipeline-syria/

[vi] Christou, op. cit.

[vii] Ibidem

[viii] USIP (2025) Sectarian Violence Threatens Syria’s Shaky Transition, en https://www.usip.org/publications/2025/03/sectarian-violence-threatens-syrias-shaky-transition

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